Cuidar sin limitar: Gestión positiva del riesgo en deterioro cognitivo.

Existe una preocupación legítima: proteger a alguien querido frente a situaciones que pueden resultar peligrosas. Sin embargo, cuando la prevención del riesgo consiste únicamente en eliminar la actividad, sin querer, estamos limitando capacidades, decisiones y oportunidades de participación que la persona todavía conserva.

¿Qué es la gestión positiva del riesgo?

Toda actividad cotidiana implica algún grado de riesgo. La presencia de un trastorno neurocognitivo puede modificar la capacidad para reconocer o gestionar algunos de esos riesgos, pero no significa que todas las actividades deban suspenderse automáticamente.

La clave está en determinar qué riesgo existe realmente, en qué circunstancias aparece y qué medidas pueden reducirlo sin eliminar innecesariamente la participación.

El riesgo real y el riesgo percibido no siempre coinciden.

Las familias y los cuidadores pueden experimentar una preocupación intensa frente a determinadas situaciones, especialmente cuando sienten que son responsables de evitar cualquier incidente. Esa preocupación es comprensible, pero no siempre refleja con precisión la probabilidad de que ocurra un evento adverso.

Por ejemplo, una persona puede tener dificultades de orientación en lugares desconocidos y, sin embargo, continuar desplazándose adecuadamente por un recorrido habitual. También puede suceder lo contrario: una actividad aparentemente sencilla puede representar un riesgo importante si existen dificultades para reconocer peligros, tomar decisiones o responder ante imprevistos.

Por eso, la valoración del riesgo no debería basarse exclusivamente en el diagnóstico, en una dificultad aislada o en el temor de quienes acompañan. Necesitamos observar cómo se desempeña la persona en situaciones concretas.

¿Cómo evaluamos el riesgo en una actividad cotidiana?

Desde la Gerontopsicomotricidad, la valoración funcional permite analizar la relación entre las capacidades de la persona, las exigencias de la actividad y las características del entorno.

Ante una situación que genera preocupación, es importante considerar:

  1. La actividad: qué quiere o necesita hacer la persona, qué pasos implica y cuáles son sus exigencias.
  2. Las capacidades disponibles: qué puede realizar de manera independiente, dónde aparecen las dificultades y qué posibilidades tiene de reconocer o resolver imprevistos.
  3. El entorno: qué características del espacio facilitan o dificultan el desempeño.
  4. La probabilidad y gravedad del daño: qué podría suceder, con qué frecuencia y cuáles serían sus consecuencias.
  5. Los apoyos disponibles: qué estrategias, adaptaciones o formas de acompañamiento podrían reducir el riesgo.
  6. El significado de la actividad: qué importancia tiene para la identidad, la autonomía y la calidad de vida de esa persona.

La evaluación debe contemplar no solamente lo que podría salir mal, sino también qué consecuencias puede tener dejar de realizar esa actividad. Restringir una salida, una tarea doméstica o una actividad social también puede producir efectos negativos: pérdida de confianza, disminución de oportunidades de movimiento, aislamiento o mayor dependencia.

Los apoyos deben ser proporcionales al riesgo.

Uno de los principios centrales de este enfoque es que las medidas de protección deben guardar relación con el riesgo que intentan prevenir.

En algunas situaciones alcanzará con una señal visual, una modificación ambiental o una estrategia compensatoria. En otras será necesario incorporar supervisión, acompañamiento o cambiar una actividad por otra más segura. Y cuando exista un peligro grave que no pueda reducirse suficientemente mediante apoyos, será necesario limitar o suspender esa actividad.

La gestión positiva del riesgo no implica que la autonomía deba prevalecer siempre sobre la seguridad. Implica evitar restricciones mayores que las que la persona realmente necesita para esa actividad y en ese momento.

Las decisiones deben revisarse periódicamente. Una medida adecuada hoy puede resultar insuficiente más adelante, o una restricción inicialmente necesaria puede modificarse si se incorporan nuevos apoyos.

El papel de las familias y los cuidadores.

Gestionar positivamente el riesgo puede resultar especialmente difícil para quienes acompañan a una persona con demencia. Muchas veces, la preocupación por evitar accidentes convive con el temor a ser responsabilizados si algo sucede.

Por eso, el trabajo con las familias debe incluir información, orientación y espacios para analizar conjuntamente las situaciones que generan preocupación. También necesitan contar con apoyos para implementar esas medidas.

Las actividades cotidianas son parte de la identidad.

Salir a hacer mandados, cocinar, conducir un auto, manejar dinero, caminar por el barrio o elegir cómo ocupar el tiempo forman parte de nuestra historia y de nuestra identidad.

Cuando una persona deja de participar en estas actividades, puede perder mucho más que una habilidad funcional. Puede perder confianza y espacios en los que continúa reconociéndose como protagonista de su propia vida. Debemos preguntarnos qué significa esa actividad para la persona y qué podemos hacer para que continúe participando en ella.

Desde la Gerontopsicomotricidad, este enfoque permite diseñar intervenciones que integran las capacidades cognitivas y motrices, el desempeño funcional, el entorno y las preferencias de cada persona.

¿Cómo trabajamos la gestión del riesgo en GeroDem?

En GeroDem realizamos valoraciones gerontopsicomotrices orientadas a comprender cómo las dificultades cognitivas, motrices y funcionales afectan el desempeño cotidiano.

A partir de esa valoración, identificamos riesgos específicos y diseñamos estrategias individualizadas para favorecer la seguridad sin restringir innecesariamente la autonomía.

Nuestro abordaje incluye la adaptación de actividades y entornos, la selección de apoyos y la orientación a familiares y cuidadores.

GeroDem - Soledad Vázquez

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DOCENTE

Como académica Universitaria he formado a cientos de profesionales en el campo de las demencias y los cuidados, en universidades y centros de salud de Latinoamérica y Europa.

DIVULGADORA

Autora y co-autora de textos específicos, guías de buenas prácticas en demencias para uso gubernamental, columnista en periódicos y revistas de divulgación, así como en programas de televisión destinados a la salud de las personas mayores.

CONSULTORA

Coordinadora grupo apoyo a familiares de personas que viven con demencia para todos los prestadores de salud del territorio nacional.

Supervisión clínica internacional a profesionales de las áreas de salud mental y rehabilitación psico-física relacionadas con el deterioro cognitivo.

HONORES

Miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Uruguaya de Geriatría y Gerontología (SUGG).

Miembro académico de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable para América Latina y el Caribe (RIES-LAC).

Miembro de la Alzheimer´s Disease Research International Group (ADRIG).

Miembro Integrante del Comité de Diversidad e Inclusión. Instituto Uruguayo de Normas Técnicas (UNIT).